Si el ojo te mira sin hacer ningún sonido,
esperando a que tus sentidos dormidos, no noten su sigilo.
Aprovechando cada pausa, cada limbo; que se abre en un latido.
Y tú, cabizbajo, no notas que ya eres parte del mismo.
Si los segundos te mostraran su verdadero tiempo.
Y el espacio entendieras alejado de lo ya escrito.
Podrías mirar a los ojos tu ser dormido, y escupirte en la frente sin aparente sentido.
Y tal vez, sólo tal vez entenderías parte de lo no vivido.
Pero entre cerros de libros y aparentes eruditos, difícil tarea es a la que te invito.
Cierra los ojos que tienes, para ver los distintos matices, de uno sólo de tus ronquidos.
Y puede que sientas desde otro lugar, del cual supuestamente no estás,
y entiendas el ser que formas desde cuando aun eras un nido.