En este mes, en estos tiempos, en este cuerpo.
En ésta historia que no tiene anhelo, de pisadas que no
dejan marca en el suelo, de espesuras que esconden el velo, y de palabras que
atraen al hielo.
Desde ese mismo cuerpo reviento, reviento en tierra y al
viento, al descampado y al desierto, a
los grandes bosques y al firmamento.
Me expando, me concentro, me nutro y me sano.
Revientan mil veces los truenos de piedra, sus lenguas
ardientes expanden su mordida. Aguas hierven, suben y bajan incandescentes. Los
hombres las ven llevar lo que creían sus vidas.
Se desmiembran pilares enraizados, las caras comienzan a
mostrar sus marcas y ya no es tan fácil acallar cicatrices desarrajadas,
ajadas, quemadas y enlodadas.
Aquí señores… El que la hace ¡la paga!
