han pasado por mi lado sin haberlos asimilado.
Creo que eran palabras de un enamorado,
que siguió cantando a su amor desde el tejado.
No escuchando lo que le su inspiración le gritaba del otro lado.
Desde un ángulo distinto y no tan endulzado,
grita sin tapujos que la rumba se ha acabado,
ya que las notas que buscaba, de otra boca han sonado.
Y sin saber que hacer entre los dos cantos entonados,
se ha marchado a refugiarse al más alto de los palcos.
El enamorado sin dudarlo con el viento norte va cantando,
sus armonías que desde los techos, la gente va escuchando,
y todos con tristeza la oreja intrusa van parando.
Pero estos y aquel, cuenta de todo se van dando,
que los cantos que cantaba, en otros oídos van sonando.
Desde el palco un sentimiento sin remordimientos ni reparos,
del cielo va esperando el cantar de los aislados.
Que compartan atentos sus pesares y sus llantos,
sin saber en realidad lo que con eso van creando,
en un corazón despojado ya, de la capacidad del canto.
Del tejado con rapidez y fuerza el viento lleva el canto,
pero el viento del norte y del sur en el palco están chocando,
por lo que uno no escucha, lo que el otro va cantando.
Y así lo gritado, al olvido por las calles como mugre se va pegando,
hasta que las nuevas lluvias lo borren, como al enamorado del tejado.
