miércoles, 11 de mayo de 2011

Y punto

Ambos se encontraron finalmente.
Pero, no vivieron felices para siempre.
Uno se fue a Valdivia y el otro quedó en septiembre.

martes, 10 de mayo de 2011

Caminando en la arena

Alguna vez fuiste tú,
la que no me escondía su luz.
Ahora ya no veo, a más de un metro,
por lo que calculo, ahora mis pisadas.

Ya no se quien eres;
Ni qué, de mí quieres;
Sólo veo carcajadas,
cuando me das una mirada.

Parece ser de mal gusto,
aunque no le tengo susto.
Pero por algo siempre pasa,
el animal cabeza gacha.

No necesito levantarme,
para de todo enterarme.
Solamente quedara vacía,
la canción que te tejía.

viernes, 6 de mayo de 2011

Sonrisa de tiza

Pensar que te alejas;
imaginar que te quedas;
y escondido en las sombras;
como en un toque de queda.

Vislumbro tu sonrisa;
pero parece de tiza;
siempre dudando;
y nunca arriesgando.

Lo veo en tu cuerpo;
lo siento en tu aliento;
el mar de burbujas;
que yo también siento.

Recuerdos de verano,
sueños de invierno;
veremos nuevamente;
en nuestro lecho descubierto.

jueves, 5 de mayo de 2011

Al compás del bastón

Los vientos de lluvia no me avisan ya sus rutas,
solamente los siento pasar entre mis arrugas.

Mis venas en su sangre transportan vinagre,
que quedó del vino que no te tomaste.

La sabia amarga que me recorre a toda hora,
ya no alcanza si quiera para llenar una copa.

Los charcos de barro en los caminos rurales,
albergan en sus gotas mis penurias otoñales.

Mis dedos no sienten los fríos de la mañana,
puesto que los he dejado dormidos en mi cama.

Mis pesados pies ya solos no me transportan,
y una pierna de castaño me acompaña como mi sombra.

Y si bien ya no veo, ni escucho tanto,
de vez en cuando le doy vida, a uno que otro tango.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La danza de las marionetas

Si tu ciudad ardiera en llamas,
tal como nosotros en tu cama.
¿Dónde quedarían los viejos humores,
que se balanceaban como tus tambores?

Si tus piernas como poderosos edificios,
subiera por una escalera piso, por piso.
Aferrándome a tus suaves carnes,
tal como a la vida el hambre.

Si como riendas tomara tus cabellos,
aferrando tu dolor a mi deseo.
Para que no escapes ni por un segundo,
a los placeres carnales de este mundo.

Dejando nuestros cuerpos moverse
como sin la cabeza una serpiente.
Dando tórridas y retorcidas vueltas
apaciguadas por la mezcla perfecta.

Y sin pronunciar una palabra,
se acaba la función completa.
Quedando en libertad nuestras almas,
como dos adormiladas marionetas.