jueves, 28 de abril de 2011

Manto de huesos

El manto de pesar que cargo hoy en mis hombros,
honestamente, ni se parece al que cargo en mis ojos.

Sólo huesos rotos y venas abiertas quedan en mí,
después de aquella triste y sombría noche de abril.

Si compararse pudieran dolores tan distintos,
creo que daría lo mismo uno blanco que uno tinto.

No pretendo cargar ponchos ajenos,
sólo pretendo sacarme el veneno.

Lo que cueste pagaré gustoso en sangre.
Siempre que de este modo evite marchitarme.

Dicen que no hay mal que dure cien años,
pero nadie tiene los cojones de esperarlos.

Tendré toda la vida para llenarme de males,
así como para aprender, con ella a levantarme.

Así es que dejo los huesos que me sobran,
apilados y ensangrentados en la alfombra.
Para quien los quiera hacer parte de su sombra.

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